En uno de los encuentros correspondientes a la cuarta fecha de la Liga B, Unidos de Olmos derrotó por 3 a 0 a el local Peñarol, en el clásico olmense, que se desarrolló con la presencia de ambas parcialidades.



En una jornada primaveral, con la presencia de la hinchada local y el fervor e ímpetu de las visitantes, se jugó el duelo que mayor expectativa genera en Olmos. El marco espectacular elaborado por los espectadores y sus banderas, generaba ansias y expectativas, tanto en las futbolistas azulgranas, como en las aurinegras.

Las jugadoras salieron al campo, no sin antes emplear un grito de guerra colectivo, que se oía desde el campo de juego, que esta ubicado a escasos metros del vestuario de las dueñas de casa. Las futbolistas de Peñarol salieron al campo en medio de una lluvia de papel picado que venía desde la parte alta de la tribuna, y Unidos se metió en el campo de juego con la presión de no ser bienvenidas en territorio enemigo.

Se acomodaron en el campo, respetando la formación que practicaron una y otra vez, en los días previos al clásico. Las capitanas se miraron fijamente en el saludo protocolar que se da en el centro del campo, antes de que inicie la lucha deportiva. Una vez finalizada esa fase, se dirigieron cada una a su puesto, con pasos que derrochaban determinación.


Ya no había tiempo para la especulación, la bocha comenzó a rodar cuando el árbitro y la terna indicaron el inicio del encuentro, con un pitazo que cobraba mas protagonismo de lo normal ante el repentino silencio del entorno, que paró momentáneamente todos los canticos de cancha.

Con un pase atrás la parte dinámica del juego se iniciaba, luego de tanto ritual futbolístico. Para sorpresa de muchos, el primer tanto lo concretó una defensora, que con más inercia que precisión impactaba la pelota para decretar la primer alegría del día. Brenda Gómez, la número tres de Unidos, se ponía el traje de nueve de área por unos instantes, con un remate letal y un movimiento certero. Desatando la locura de la gente, que parecía no creer la repentina ventaja.

A partir de ese momento Brenda y compañía se envalentonaron, adelantaron líneas y presionaron a Peña, que cayó presó del nerviosismo. La pelota, la garra y las recuperaciones se multiplicaban en el conjunto carbonero, que demostraba que podían llevarse algo más que los tres puntos de la casa de su clásico rival.

No aparecían los signos de reacción por parte de las dueñas de casa, que se dedicaron a correr a las rivales, desgastando aun más su estado físico e hipotecando sus posibles oportunidades de gol. El resultado del planteo de unas y la determinación de otras fue determinante, tanto que a los doce minutos de juego le otorgaron un penal a Unidos de Olmos, producto de una mala maniobra defensiva. El 2 a 0 llegó, por medio de la número diez. Lucia Leiva aumentó la ventaja, con un potente disparo, que hizo estéril el intento de recepción de la cancerbera.

Ese tanto fue un golpe anímico y deportivo que nadie vio venir. La diferencia en ese primer tiempo se podía ver, desde el alambrado hasta la puerta de salida. Y cuando las locales parecían hacer pie, recibieron otro gol. Yanet Álvarez, luego de una serie de rebotes en el área, fulminaba a el sector defensivo rival, con un derechazo implacable. La número seis festejó con su gente, que desde el otro lado del campo acompañaban al unísono el tercer festejo del día Domingo.

El tramite no cambió, y Yanet se fue del campo al termino del primer tiempo  acompañada de sus compañeras, con la certeza de estar haciendo un partidazo, tanto ella como las otras diez integrantes del equipo.

El segundo periodo fue diferente, las aurinegras se reordenaron tácticamente para intentar descontar, buscando reavivar sus ilusiones. Pero nunca supieron como vulneran la defensa de las del frente, que parecían tener bajo control las maniobras defensivas de las atacantes.

El tramite estuvo plagado de pierna fuerte, planchazos, entradas al limite de la tarjeta amarilla, y luchas a muerte en cada sector del campo. Ninguna quería ceder ni un poco, y el árbitro tuvo en más de alguna que otra ocasión amenazar a las infractoras, con una posible tarjeta amarilla, acompañada por una roja.

Y a pocos minutos del final, el juez dio un penal para Unidos. La portera estaba cara a cara con la numero siete de Peñarol, que tenia una oportunidad inmejorable para descontar, en un duelo que les hizo muy cuesta arriba, tanto a ella como a sus compañeras.

La delantera ejecutó la pena máxima, pero Lucrecia Giménez puso los dos guantes y se quedó con esa chance real de gol. Cerrando el telón de un día inolvidable para el futbol femenino de Olmos, que albergó este partidazo en la fecha cuatro de la liga amateur platense, que pone a Unidos en la parte alta de la tabla de posiciones de la Liga B.